Los alumnos de Especialización de Historia visitan Fonz y Monzón

 

FONZ Y MONZÓN

Resultó ser una jornada inolvidable -en todos los aspectos- la del día 21 de abril de 2018, puesto que, los alumnos de la Especialización de Historia, con algunos acompañantes, por iniciativa de los profesores de Historia de España en la Edad Moderna, don Jesús Gascón Pérez y don Marcos Guillén Franco, realizamos una visita a los dos municipios cuyo título encabeza este escrito.

Tras una parada “técnica”, en primer lugar, arribamos a Fonz, localidad situada en el Cinca Medio también, afortunadamente, localidad natal de don Marcos, y empleo ese calificativo porque fue todo un acierto el enfoque de la visita hacia esa espléndida localidad que posee más palacios renacentistas de todo Aragón por metro cuadrado.

Tal y como se nos informó, En la Edad Moderna, el esplendor de la villa, llegó en el siglo XVI, cuando confluyeron, por una parte, la prosperidad económica y, por otra, la de ser lugar de veraneo por el obispo de Lérida y algunas familias nobles, situación que conllevó a la edificación de numerosos palacios y mansiones, de los cuales se conservan una decena, a destacar que, por sus calles, pasearon Pedro María Ric III Barón de Valdeolivos, héroe de los Sitios de Zaragoza, regente de la Real Audiencia de Aragón y diputado de las Cortes de Cádiz y Pedro Cerbuna, fundador de la Universidad de Zaragoza.

Divididos en dos grupos, el primero de ellos fue encaminado al Palacio de los Barones de Valdeolivos y el segundo hacia otra ruta que, más tarde intercambiaríamos.

En el citado palacio, rebosante de historia, donado por las últimas baronesas a la Diputación General de Aragón, es donde nos encontramos con Maite, guía del mismo que, a través de las estancias, nos informó, de forma profesional y completa, durante largo tiempo, de los Ric, infanzones documentados desde muy antiguo sucediendo que, en 1765, el rey Carlos III, nombró Barón de Valdeolivos a don Pascual Antonio Ric y Exea, primer miembro de la saga nobiliaria.

Nos encaminamos a la planta noble, cuyos salones conservan el encanto de los siglos XVII a XIX, destacando la Sala de Música, la Sala de los Retratos y la Sala de la Purísima o de las Conchas, pinturas murales, objetos depositados en las vitrinas, vajillas, trajes de época, fotografías, muebles, cuadros, alfombras, cosas orientales, suelo, decoraciones en los techos, catorce obras del pintor Fray Manuel Bayeu … en definitiva, toda la riqueza atesorada a lo largo de siglos.

Al salir de él, nos reunimos con don Marcos, para encaminarnos, en primer lugar, al Ayuntamiento, edificio del siglo XVI que se construyó como residencia de verano de los obispos de Lérida, cuya fachada es una de las más monumentales de la Villa que sigue la tipología de los palacios aragoneses del siglo XVI y en cuyo interior se encuentra el “Centro de Interpretación del Renacimiento”, en el que nos detuvimos para ver un audiovisual.

Al salir, paramos en la Fuente de Fonz, cuya etimología, según nos hizo partícipes, proviene de fontes, es decir, fuentes, fuente emblemática los siete caños -erigida en el año 1567- adornada en la parte frontal con seis cabezas masculinas de las que mana el agua, tiene a ambos lados dos columnas con capitel corintio y fuste acanalado en la que aparece el escudo de la villa renacentista y, en la parte superior, una preciosa inscripción en latín cuya traducción es: “Fuente que fluyes sin fuente, origen de este manantial, apaga nuestra sed con la fuente celestial”, ambos, escudo e inscripción, se han convertido en su heráldica.

El Palacio Gómez de Alba, aledaño a la citada fuente, es una de las casas señoriales más espectaculares construida en el siglo XVI que tiene una curiosidad: en la esquina, a la altura de la primera planta, hay una cara tallada con la finalidad de ahuyentar a los malos espíritus.

Seguidamente, fuimos a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción construida a principios del siglo XVII y que es uno de los mejores exponentes de la arquitectura religiosa renacentista aragonesa, alzándose al final de una singular escalinata de piedra en la cual, antes de entrar en ella, recibimos otra espléndida lección por parte de nuestro erudito profesor.

Su fachada tiene un espectacular pórtico y, aunque muchas de las obras artísticas que contenía se perdieron durante la Guerra Civil, dado que su interior fue completamente destruido, a comienzos del siglo XVII, gracias a la colaboración económica de los vecinos, se pudo emprender la construcción de la actual Iglesia parroquial. La única pieza salvada, es un retablo gótico dedicado a Santa Ana que se exhibe en una recoleta capilla del interior.

Techo de bóveda estrellada, enterramientos, entre los cuales, al levantar el suelo, se descubrieron los de dos obispos, uno de los cuales murió en el año 1650 y el otro en el año 1698, ambos cuando se encontraban en la localidad.

A destacar la mucha importancia del censal, obligación perpetua, que incorpora la posibilidad de redención. Fue un instrumento financiero muy extendido en la Corona de Aragón, desde la Baja Edad Media hasta la Edad Contemporánea; era usado como mecanismo de financiación tanto por los particulares, como por los organismos públicos.

A continuación, transcribo, por considerarlo sugestivo, el siguiente escrito de don Marcos:

LAS COFRADIAS DE LA VILLA DE FONZ DURANTE LA EDAD MODERNA.

En la villa de Fonz tenemos la suerte de contar con un maravilloso archivo que nos permite conocer numerosos aspectos de las vidas, costumbres y creencias de nuestros antepasados. Gracias a los fondos documentales albergados en el Archivo de los Barones de Valdeolivos1, podemos sentirnos mucho más cerca de esas personas de carne y hueso que, hace más de 400 años, caminaron por las mismas calles y contemplaron los mismos edificios que nosotros disfrutamos en la actualidad.

Si hablamos de costumbres y creencias de nuestros antepasados, no podemos pasar por alto el papel de las cofradías: instituciones con una larga trayectoria que han agrupado a hombres y mujeres de la villa de Fonz durante siglos. Aunque actualmente todos las relacionemos con los pasos procesionales de Semana Santa, los inicios de estas agrupaciones son muy lejanos y su función tradicional a lo largo de la historia ha sido la de asistir y ayudar a sus miembros para intentar mitigar el sufrimiento provocado por posibles desgracias, tales como la pobreza, la enfermedad o la muerte. Pero no sólo se han preocupado de los propios cofrades, sino que también, debido a su carácter cristiano, han llevado a cabo numerosas obras de caridad.

En el caso concreto de Fonz, los libros conservados muestran que durante la Edad Moderna hubo hasta nueve cofradías, alguna de ellas existente ya desde época medieval: Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, Cofradía del Señor San Miguel Arcángel, Cofradía del Santísimo Sacramento, Cofradía de Nuestra Señora del Hospital, Hermandad de San Antonio de Padua, Cofradía de las Almas de Fonz, Cofradía de la Tercera Orden de Nuestro Padre San Francisco, Hermandad de San Nicolás y Hermandad de San Pedro. De todas ellas, me gustaría destacar la Cofradía de Nuestra Señora del Hospital, ya que estuvo en funcionamiento desde 1468 a 1930. Nada más y nada menos que casi 500 años formando parte del día a día de diferentes habitantes de nuestra localidad.

Quizá, en estos tiempos donde predominan valores como el individualismo y el egoísmo, sería conveniente echar la vista atrás e intentar aprender un poco de estos antepasados que tendieron a agruparse para hacer frente de una manera colectiva a las adversidades de la vida.

Quizá, en estos tiempos donde predominan valores como el individualismo y el egoísmo, sería conveniente echar la vista atrás e intentar aprender un poco de estos antepasados que tendieron a agruparse para hacer frente de una manera colectiva a las adversidades de la vida. os que casi 500 años formando parte del día a día de diferentes habitantes de nuestra localidad.

Al salir de la catedral, notificó que don José María Llanas Aguilariedo, natural de Fonz, farmacéutico, militar, escritor, periodista y crítico literario, escribió un libro titulado “El Jardín del amor” del cual, sucintamente, refirió la trama.

Tras haber alimentado el intelecto, fuimos trasladados a Monzón para acometer algo no menos importante, como es el sustento en el que, todo momento, estuvieron presentes el compañerismo y la alegría.

Ya por la tarde, visita a la Concatedral, Bien de Interés Cultural, en donde Teresa nos esperaba para decirnos, de forma clara y concisa que fue construida entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII, sobre una iglesia anterior de estilo románico, ampliada en el siglo XIV a la que se añadieron elementos mudéjares en el siglo XVI; destaca la Torre y fue sede habitual de las Cortes de Aragón desde el siglo XIII al XVII.

Se accede al interior del templo por un lateral, con un atrio construido en  época contemporánea La estructura interior está formada por tres naves sobre las que se voltean bóvedas de cañón. Destaca la ausencia de una fachada monumental, lo que se debe quizás a las remodelaciones posteriores añadiendo tres capillas a los pies del templo. Las capillas de los pies tienen un interés propio, están hechas en distintas épocas y presentan rasgos de distintos estilos, incluso coronándose la que se dedica en la actualidad a los curas mártires de la Guerra Civil por un cimborrio. También entre las capillas de época posterior destaca la capilla del bautismo, situada a la izquierda de la entrada y construida en un elegante estilo gótico.

Cabe destacar del templo que ostenta una pureza en el estilo románico. Los capiteles presentan una decoración de finos motivos geométricos, influidos por el arte islámico, que sólo muestra una figura humana en uno de ellos.

Tiene tres niveles, el primero de planta cuadrada y los dos siguientes de planta octogonal. La ornamentación de la misma sigue la línea de sobriedad del propio templo, con una decoración de motivos geométricos y arquillos ciegos que son influencia directa del arte mudéjar. En el segundo nivel, el primero octogonal, se abre el campanario, que cuenta con ocho campanas. Además, en la parte más alta de la torre se disponen dos para marcar la hora.

A continuación, visita al imponente Castillo, antigua fortaleza árabe, entregado a la Orden del Temple en 1143. Sus monjes-soldado la transformaron en un convento, con edificios de estilo militar cisterciense. Aquí recibió su primera educación el futuro rey de Aragón Jaime I “El Conquistador”. Se trata de un recinto amurallado que encierra las cinco construcciones propiamente templarias. La Torre del Homenaje es árabe, fue habilitada como residencia del comendador. Junto a ella se encuentra la capilla románica. La sala capitular-refectorio, amplia y desnuda, cuenta con un aljibe. Los dormitorios están en un edificio de dos plantas y sótano y la Torre de Jaime I funcionó como cárcel de la encomienda.

Intensísimas y cultísimas horas debidas al buen acierto, al elegir, nuestros dos profesores ya citados, los dos lugares en los que conseguimos aprender, algo más, del interesante patrimonio que alberga nuestra Comunidad Autónoma.

Finalizo, coloquialmente, manifestando nuestro reconocimiento a Jesús y Marcos -forma habitual con la que nos dirigimos a ellos- para daros GRACIAS, excelentes profesores que tanto y tan bien prodigáis vuestra sapiencia hacia nosotros.

Aurora Alamán Guallart
Cronista Oficial de AMUEZ

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