Los alumnos de Especialización en Historia de España visitan la Aljafería

El colofón del magnífico y pionero curso de Especialización en Historia de España, para los alumnos matriculados en el mismo, el día 24 de mayo de 2018, fue la visita al lugar que encabeza este escrito, propiciado y acompañados por nuestro profesor de Historia Moderna, don Jesús Gascón.

Fue una completa visita de dos horas, deteniéndonos en cada uno de los emblemáticos espacios, en las que don Jesús, simultaneó las definiciones pertinentes en cuanto a historia, arte, etc., con nuestra guía, Merche, asimismo muy bien documentada, por lo que, es de justicia señalar que ambos captaron, en todo momento, nuestra atención.

Introducción

La Aljafería, es un palacio fortificado construido en la segunda mitad del siglo XI por iniciativa de Abú Yaáfar Áhmad ibn Sulaymán al-Muqtádir bi-L·lah, rey de la taifa de Saraqusta, entre 1046 y 1081, como residencia de los reyes hudíes también concebido como palacio de recreo, que fue llamado entonces Qasr al Surur, es decir, Palacio de la Alegría.

Es de suma importancia por ser el único testimonio conservado de un gran edificio de la arquitectura islámica hispana de la época de las Taifas, incluido en la triada que forma junto a la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada. Sus restos mudéjares fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco, en el año 2001.

Tras la reconquista de Zaragoza en 1118 por Alfonso I el Batallador pasó a ser residencia de los reyes cristianos de Aragón. Fue utilizada como residencia regia por Pedro IV el Ceremonioso y posteriormente, en la planta principal, se llevó a cabo la reforma que convirtió estas estancias en palacio de los Reyes Católicos en 1492.

En 1593 experimentó otra reforma que la convertiría en fortaleza militar, primero según diseños renacentistas (que hoy se pueden observar en su entorno, foso y jardines) y más tarde como acuartelamiento de regimientos militares que es cuando comenzó la sistemática destrucción Sufrió reformas continuas y grandes desperfectos, sobre todo con los Sitios de Zaragoza de la Guerra de la Independencia hasta que finalmente fue restaurada en la segunda mitad del siglo XX y actualmente acoge las Cortes de Aragón.

En su origen la construcción se hizo extramuros de la muralla romana -en el lugar donde los musulmanes desarrollaban los alardes militares- conocido como La Almozara. Con la expansión urbana a través de los años, el edificio ha quedado dentro de la ciudad.

Importante reseñar que, el rey Felipe II, ante el asalto que sufrió el edificio para liberar a su secretario personal, Antonio Pérez, encargó a Tiburzio Spanochi reforzar el palacio con cuatro torreones, una muralla con dos puertas de ingreso y un nuevo foso y la drástica transformación en cuartel militar llevada a cabo en 1772, a instancias del rey Carlos III, demoliendo todos los torreones de alabastro, los cuatro arcos centrales del pórtico del testero sur y la arquería de acceso al Salón Dorado cambiando, radicalmente, el aspecto exterior.

La Torre de Reula

La edificación más antigua de la Aljafería es la llamada «torre del Trovador», que recibió este nombre a partir del drama romántico de Antonio García Gutiérrez, El trovador, de 1836. Este drama fue convertido en libreto para la ópera de Giuseppe Verdi, Il Trovatore, de 1853. Es una torre defensiva, de planta cuadrangular y cinco pisos que data de finales del siglo IX

Su función en los siglos IX y X era la de torre vigía y bastión defensivo. Estaba rodeada por un foso. A partir de la reconquista española, siguió usándose como torre del homenaje y en 1486 se convirtió en calabozo de la Inquisición. Como torre-prisión se usó también en los siglos XVIII y XIX, como demuestran los numerosos graffiti inscritos allí por los presos.

Estancias del lado norte

En el testero norte se edifica el conjunto más importante de dependencias del palacio de época hudí, pues incluye el Salón del Trono o Salón Dorado y la pequeña mezquita privada, situada en el costado oriental del pórtico de acceso que sirve de antesala al oratorio. En su interior aloja un mihrab en el ángulo suroriental, cuyo nicho, por tanto, se orienta en dirección a la Meca, como ocurre en todas las mezquitas excepto en la de Córdoba.

En dos de los relieves caligráficos puede encontrarse el nombre de Al-Muqtadir, por lo que se ha datado la construcción del palacio, al menos en una primera fase, entre 1065 y 1080. Uno de ellos dice textualmente «Esto [=la Aljafería] lo mandó hacer Ahmed al-Muqtadir Billáh»

El Salón Dorado

El Salón Dorado tenía en sus extremos este y oeste dos aposentos que fueron alcobas privadas posiblemente de uso regio. Hoy se ha perdido la alcoba del flanco occidental, que se usó como dormitorio real y utilizaron también los reyes aragoneses hasta el siglo XIV.

Los techos, alfarjes en madera, reproducían el firmamento, y todo el salón era una imagen del cosmos, cuajada de símbolos del poder que sobre el universo celeste ejercía el monarca de Zaragoza, que aparecía así como heredero de los califas.

La mezquita y el oratorio

En el extremo oriental del pórtico de entrada al Salón Dorado, se encuentra una pequeña mezquita u oratorio privado para uso del monarca y sus cortesanos.

El Patio de Santa Isabel

Se trata del espacio abierto y ajardinado que unificaba todo el palacio taifal. A él vertían los pórticos norte y sur, y probablemente, habitaciones y dependencias situadas al este y oeste de este patio central.

Su nombre procede del nacimiento en la Aljafería de la infanta Isabel de Aragón, que fue reina de Portugal. Se ha conservado la alberca original del sur, mientras que la del frente septentrional, del siglo XIV, se ha cubierto con un suelo de madera. La restauración intentó dar al patio el esplendor original, y para ello se dispuso una solería de placas de mármol en los pasillos que rodean al jardín de naranjos y flores.

La arcada que se contempla mirando hacia el pórtico sur está restaurada mediante el vaciado de los arcos originales que están depositados en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y en el Museo de Zaragoza.

Estancias del lado sur

Completando el recorrido por el palacio del siglo XI, se llega al pórtico sur, que era la antesala de un gran salón

El palacio de Pedro IV el Ceremonioso

Tras la toma de Zaragoza por Alfonso I el Batallador en 1118, la Aljafería fue habilitada como palacio de los reyes de Aragón y como iglesia, no siendo modificado sustancialmente hasta el siglo XIV con la actuación de Pedro IV el Ceremonioso.

Este rey amplió las dependencias palaciegas en 1336 y mandó construir la iglesia de San Martín en el patio de ingreso al alcázar. En esta época está documentado el uso de la Aljafería como lugar de partida del recorrido que llevaba a La Seo, donde los monarcas aragoneses eran solemnemente coronados y juraban los fueros.

La iglesia de San Martín

La iglesia de San Martín aprovecha los lienzos del ángulo noroeste de la muralla, hasta el punto de que se usó uno de sus torreones como sacristía y dio nombre al patio que da acceso al recinto taifal que fue construida en tiempo del rey Martín I El Humano, Fue remodelada en el siglo XVIII.

El palacio mudéjar

No se trata de un palacio independiente, sino de la ampliación del palacio musulmán que todavía estaba en uso. Pedro IV trataba de dotar de salas más amplias, comedores y dormitorios a la Aljafería, pues las alcobas taifales se habían quedado pequeñas para el uso del rey.

El palacio de los Reyes Católicos

En los últimos años del siglo XV los Reyes Católicos ordenan construir un palacio para uso real sobre el ala norte del recinto andalusí, configurando una segunda planta superpuesta a la del palacio existente. La edificación rompía las partes altas de las estancias taifales, donde se insertaron las vigas que sustentarían el nuevo palacio.

Al palacio se accede subiendo la escalera noble, una monumental construcción integrada por dos amplios tramos que da acceso a un corredor en la planta primera que comunica con las dependencias palaciegas propiamente dichas

Destaca la portada principal de acceso al salón del trono: de arco rebajado trilobulado, guarnecido con un tímpano de cinco lóbulos, en cuyo centro aparece representado el escudo de la monarquía de los Reyes Católicos, en el que figuran los blasones de los reinos de Castilla, León, Aragón, Sicilia y Granada, sostenido por dos leones

Una vez recorrido el espacio de la galería, se disponen varias salas que anteceden al gran Salón del Trono, que son denominadas «salas de los pasos perdidos». Se trata de tres pequeñas habitaciones de planta cuadrada comunicadas entre sí por grandes ventanales calados con celosías que dan al patio de San Martín, y que servían de antesalas de espera para quienes iban a ser recibidos en audiencia por los reyes.

Uno de los elementos más estimables de estas salas son sus solerías, que en origen eran azulejos cuadrados y alfardones hexagonales de cerámica vidriada en colores, formando caprichosas cenefas. Fueron elaborados en los históricos alfares de Muel (Zaragoza) a fines del siglo XV. De los fragmentos conservados se ha partido para restaurar el suelo en su totalidad con cerámica que imita la forma y disposición de la antigua solería, aunque no su calidad de reflejos vidriados.

El otro elemento destacable son sus excelsas techumbres constituidas por tres magníficos taujeles de carpinteros mudéjares aragoneses. Estos techos presentan retículas geométricas de madera posteriormente tallada, pintada y sobredorada con pan de oro, entre cuyas molduras ostentan los conocidos motivos heráldicos de los Reyes Católicos: el yugo, las flechas y el nudo gordiano unido al clásico lema «Tanto monta» -para deshacer el nudo gordiano tanto monta cortarlo como desatarlo- según la conocida anécdota atribuida a Alejandro Magno, así como un buen número de florones de hojarasca rematados con piñas pinjantes.

El Salón del Trono

Más complejo y difícil de describir es la magnificencia y suntuosidad del techo que cubre el Salón del Trono. Sus dimensiones son muy considerables -20 metros de longitud por 8 de anchura- y su artesonado está sustentado por gruesas vigas y traviesas que se decoran con lacerías que en las intersecciones forman estrellas de ocho puntas, al tiempo que generan treinta grandes y profundos casetones cuadrados.

En el interior de estos casetones se inscriben octógonos con un florón central de hojarasca rizada que rematan en grandes piñas colgantes que simbolizan la fertilidad y la inmortalidad. Este techo se reflejaba en el suelo, que reproduce los treinta cuadrados con sus respectivos octógonos inscritos.

Bajo el artesonado discurre una airosa galería de arcos conopiales transitable y con antepechos calados desde la que los invitados podían contemplar las ceremonias regias. Para terminar, toda esta estructura se apoya en un arrocabe con molduras en nacela labradas con temas vegetales y zoomorfos (cardina, pámpanos, frutos de vid, dragones alados, animales fantásticos…), y, en el friso que rodea todo el perímetro del salón, aparece una leyenda de caligrafía gótica que reza:

Ferdinandus, Hispaniarum, Siciliae, Sardiniae, Corsicae, Balearumque rex, principum optimus, prudens, strenuus, pius, constans, iustus, felix, et Helisabeth regina, religione et animi magnitudine supra mulierem, insigni coniuges, auxiliante Christo, victoriosissimi, post liberatam a mauris Bethycam, pulso veteri feroque hoste, hoc opus construendum curarunt, anno salutis MCCCCLXXXXII.

La traducción de esta inscripción es:

Fernando, rey de las Españas, Sicilia, Córcega y Baleares, el mejor de los príncipes, prudente, valeroso, piadoso, constante, justo, feliz, e Isabel, reina, superior a toda mujer por su piedad y grandeza de espíritu, insignes esposos victoriosísimos con la ayuda de Cristo, tras liberar Andalucía de moros, expulsado el antiguo y fiero enemigo, ordenaron construir esta obra el año de la Salvación de 1492.

Época moderna y contemporánea

A comienzos de 1486 la zona del Patio de San Martín se destina a sede del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición y se habilitan dependencias aledañas al patio para alojar a los oficiales de este organismo. Es probable que sea este el origen del uso como prisión de la Torre del Trovador.

La nueva función (que se prolongaría hasta los años iniciales del siglo XVIII) desencadenó un suceso que culminaría con un proyecto de reforma emprendido bajo el mandato de Felipe II por el que se convertiría de aquí en adelante en una base militar.

En 1591, en los acontecimientos conocidos como Alteraciones de Zaragoza, el perseguido secretario del rey Felipe II, Antonio Pérez se acogió al Privilegio de Manifestación contemplado por el fuero de Aragón con el fin de eludir a las tropas imperiales. Sin embargo, el Tribunal de la Inquisición tenía jurisdicción sobre todos los fueros de los reinos, y, por esa causa, fue recluido en calabozos de la sede inquisitorial de la Aljafería, lo que provocó un levantamiento del pueblo ante lo que consideraron una violación del derecho foral, y acudieron al asalto de la Aljafería para rescatarlo. Tras la contundente actuación del ejército real, la revuelta fue sofocada, y Felipe II decidió consolidar la Aljafería como una ciudadela fortificada bajo su autoridad en prevención de revueltas similares.

Este es un breve resumen de lo acontecido en la fecha señalada, de este representativo Palacio.

Aurora Alamán Guallart
Cronista Oficial de AMUEZ

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