Crónica de la sesión con el autor Javier Gracia Gimeno

Libro: “NUDOS QUE CORTAR”

martes, 30 de octubre de 2018

La segunda sesión que el Club de Lectura había programado con la intervención del escritor Javier Gracia Gimeno, autor de la novela recomendada, “Nudos que cortar”, se inició dando la bienvenida a los asistentes, por parte del presidente de AMUEZ, Francisco Ruiz, expresando, asimismo, su agradecimiento por permanecer fieles a esta iniciativa de impulsar y favorecer el gusto por la lectura, a través de los libros que se ponen al conocimiento de los asociados, con la esperanza de que el contenido de los mismos, satisfagan las preferencias y cubran las expectativas de la mayoría.

A continuación, Juan Pagán Sancho, coordinador de nuestro Club, agradeciendo igualmente el interés que va despertando día a día esta iniciativa cultural, procedió a presentar a nuestro ilustre invitado, reseñando en breves trazos, no solo la novela recomendada, sino su extenso y emocionante currículum cultural, intelectual y docente.

Nacido en Esplús (Huesca), en la “Francha”, zona limítrofe con Cataluña, territorio aragonés donde se cruzan lenguas y culturas.

Al verse obligado a vivir en diferentes localidades, se le acentuó el rechazo a actitudes demasiado localistas.

Inició el Bachillerato en Murillo de Gállego y en esos años arrancan tres de las aficiones que le han acompañado toda su vida: la música, el teatro y la escritura.

De los once a los diecisiete años, formó parte de la Escolanía de su centro (contralto o barítono, según cambiaba de voz) y se aficionó así a la música clásica en general y a la vocal en particular. Durante años ha formado parte de distintas agrupaciones corales y aún hoy lo hace en el Coro “Amici Musicae” del Auditorio de Zaragoza.

A los 17 años dirigió su primera puesta en escena teatral: “El condenado por desconfiado”, de Tirso de Molina. Frutos posteriores de esta afición han sido la formación y dirección de grupos teatrales en los centros en que ha ejercido su enseñanza (Instituto “Ignacio Zuloaga” de Éibar e Instituto “Jerónimo Zurita” de Zaragoza).

De esa misma época data su iniciación en la escritura, acometida también con entusiasmo y osadía. “Fue la poesía el género literario que soportó mis primeros escarceos con la literatura”, comenta él con frecuencia.

Se licenció más tarde en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza. Puso en práctica sus conocimientos, incorporándose inmediatamente a la docencia como profesor de Lengua y Literatura Españolas en Éibar y más tarde en Zaragoza.

Su ejercicio docente como profesor de Literatura paradójicamente le inhibió de dedicarse a la creación literaria: “¿Quién es capaz de ponerse a escribir, a crear literatura después de explicar a genios como Cervantes, Galdós, Clarín o alguno de los contemporáneos? Yo no. Hasta que, con la mucha edad, he perdido ese respeto”. Así suele explicar él, tan paradójica circunstancia.

No obstante, al fin surgió la idea de escribir un relato sobre tres temas vivenciales y vitales para él: la amistad, la docencia y la soledad sobrevenida (vividos los dos primeros y temido el tercero). De ahí alumbró su primera novela, “La niebla del olvido”, que se publicó en 2007. La obra tuvo una excelente acogida entre el público y, a comienzos de 2008, hubo de ser reimpresa.

Publicó “Rincón escondido,” una colección de 16 cuentos que tienen en común la reivindicación de nuestra inteligencia emocional como “parte sustancial de nuestra capacidad de entender la vida, de comprendernos a nosotros mismos y de actuar e interactuar en sociedad”.

Y sin más dilación, y deseosos de oir su disertación, el profesor Gracia Gimeno la inició manifestando con total convencimiento que venía a hablar de literatura y de su utilidad. Prueba de ello lo ratificaba el testimonio de una escritora nigeriana, cuyo manifiesto reivindicaba la utilidad de la literatura, para ampliar los límites de la imaginación con el fin de combatir por este medio el machismo y el racismo. Ella decía. “Leo para que me consuelen. Leo para que me conmuevan. Leo para que me recuerden la gracia, la belleza y el amor, pero también el dolor y la pena”.

Grabiel García Márquez decía también que “quién no lee está constreñido a vivir una sola vida, la suya”. Leer te regala vivir muchas vidas, gozar y aprender de todas ellas, y así llegar a poder ser más feliz.

Para este proceso de comunicación son necesarios ciertos elementos: un emisor, en este caso el propio autor, pero también un código, un contexto, y un receptor, sin el cual no puede haber comunicación literaria.

Siguiendo con su magnífica dialéctica puso especial énfasis a la hora de recomendarnos dos maravillosas obras del escritor mejicano Juan Rulfo: “El llano en llamas”, una antología de relatos breves y la novela, “Pedro Páramo”. Ambas obras, de una potencia expresiva fuera de lo común, le servían a Javier Gracia para animar a sus alumnos a entender y disfrutar de la literatura, a través de los deliciosos relatos de Juan Rulfo. “La papelera de Juan Rulfo” titulaba nuestro autor tan magna obra, para sus alumnos. Las obras anteriormente mencionadas dieron lugar a lo que se llegó a llamar “El realismo mágico” siendo Juan Rulfo, el iniciador de la corriente literaria que inundó de maravillosas obras toda literatura Hispanoamericana en los años 60 y 70.

Todo escritor siente una voz interior a la hora de escribir y Javier Gracia nos viene a revelar sus voces interiores y exteriores que le llevaron a adentrarse en los entresijos de “Nudos que cortar”.

Hace muchos años, a través de un amigo del pueblo, magnífico narrador que deleitaba a quienes le escuchaban hablar sobre las gentes del pueblo o cosas normales, tiñéndolos de un halo de excelencia, conoció la historia de un personaje bajito, poco agraciado, buena persona, no bien visto por sus paisanos y con ramalazos de locura. La historia contada se le quedó en la cabeza a nuestro autor y uno de sus relatos cortos lo tituló “Largo”, haciendo broma por aquello de su baja estatura y por el nombre tan sumamente largo del coprotagonista de la novela: Carlos Francisco Ignacio Manuel de Todos los Santos de Sandoval…..de Montesdeoca. Y cuando escribió “Rincón escondido”, vio que “Largo”, uno de los 16 cuentos, tenía una novela escondida. Y así, frente al ordenador, comenzó a describir un esquema, dándole vueltas, y a proporcionarle el empuje necesario. Esa fue la voz exterior que le impulsó a iniciar la andadura de “Nudos que cortar”. Y la voz interior se la definió otro amigo suyo cuando le decía: “a ti lo que te pasa es que tienes una obsesión educativa”. No es para menos: 35 años de enseñanza, imprime carácter.

En “Nudos que cortar” se pone de manifiesta algo no muy bien valorado y es la inteligencia emocional, es decir, la capacidad de enjuiciar y valorar desde los afectos, desde el corazón.

Vuelve a valorar sus aspectos vivenciales y vitales que le han acompañado has hoy mismo: la amistad, la docencia y la soledad que a uno se le puede venir encima. Esta última soledad sobrevenida le produce a Javier Gracia un obsesivo temor.

Continuando con sus clarificadoras y doctas reflexiones, nuestro profesor Gracia declara que la voz interior que todo escritor necesita y siente, empuja pero no explica. La sensación creadora, no obstante, es placentera.

Otra “píldora” de Javier Gracia: “la literatura es una mentira que explica la realidad”.

Pero ¿Qué realidad?, porque la realidad como tal, no existe. Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias realidades que se manifiestan, por ejemplo, cuando un determinado número de personas relatan de manera muy diferente un mismo acontecimiento acaecido, que han presenciado. La realidad, por tanto, es un concepto muy abstracto que fabricamos, montando nuestro concepto particular de la realidad. Lo más que se puede pedir es que los argumentos sean coherentes.

Javier Gracia invitó a los asistentes a que se iniciara el consabido debate y le preguntaran cuantas curiosidades les pudieron surgir por la lectura de la novela. En efecto, respondió a un compañero que Pedro y Carlos, ambos, tenían bondad y también, capacidad de someterse: Pedro, a su amo y Carlos, a su tirano padre. Pedro tragó lo indecible: la violación de su amada Consuelo por el amo, D. Ignacio, pero poco a poco fue conquistando su territorio, comenzando a pararle los pies al tirano violador, a encararse con él hasta que su venganza contenida hasta un límite insoportable, lo desbordó y lo arrastró hasta ensartar contra la pared a D. Ignacio, con la horca.

Carlos era manipulado por todos. Lo adoctrina el cura y el falangista. Tiene alma de esclavo y jamás pudo cortar el nudo de la maroma que su propio padre le ponía en el cuello y le asfixiaba, aún después de muerto. Es un ser incapaz, que no sabe asimilar su homosexualidad.

En un pasaje clave de la novela, Pedro aconseja a Carlos: “cuando algo nos ahoga, nos aprieta como un nudo, hay que procurar deshacerlo pronto, si no, se pone duro como una piedra y no hay quien pueda con él. La maroma por culpa del nudo no pasa por la carrucha. Para ello se debe cortar antes y después del nudo, haciendo dos maromillas más pequeñas, pero maromas al fin”.

Los seres humanos somos imperfectos hasta nuestra propia imperfección. El autor ha querido jugar con esa imperfección al presentar a D. Ignacio como un auténtico canalla, con auténticos episodios de locura cuya esquizofrenia la hereda Carlos. No obstante, nadie es totalmente canalla. El amo se acerca mucho, pero tiene algún mínimo gesto de humanidad.

En el debate se hizo hincapié en el papel conciliador y fundamental de las mujeres en la novela para que los miembros de esa familia y los integrantes de la servidumbre no desembocaran en derivas peores. Doña Marián, esposa del amo, enamorada de Pedro en silencio, fue clave para frenar al tirano de su marido y, por ende, a un inútil con poder, pues no permitió que ese “quemahaciendas” dilapidara el patrimonio de lo quedaba en la casa, después de hacer lo propio con la hacienda de la familia de ella.

Y, finalmente, aunque lo de “colorín colorado, este cuento se ha acabado” no va con el autor porque afirma que la vida no es así, no obstante en la novela, quizá sin pretenderlo, pudiera divisarse un resquicio, un leve canto a la esperanza que pudiera suponer una segunda parte, una segunda oportunidad para quienes sufrieron y soportaron tanta humillación, y concederles un poco de merecida felicidad. Todo está por ver.

Finalizó su intervención, manifestando su gratitud hacia el Club de Lectura al tiempo que se sintió muy a gusto y complacido por la respuesta dada hacia su persona y su obra.

Dejó bien claro, según palabras de Octavio Paz, que una novela, después de publicarla, pertenece por igual al que la escribió como a los que la leyeron, teniendo estos todo el derecho del mundo a interpretarla a su modo y manera.

Como colofón de la maravillosa sesión que con su reconocida sabiduría y calidad intelectual y humana nos regaló nuestro invitado, Javier Gracia Gimeno, el Presidente de AMUEZ le hizo entrega de una placa de cerámica, firmando a continuación, y muy satisfecho de hacerlo, los ejemplares que habían traído los socios, plasmando en ellos, sentidas y cariñosas dedicatorias.

Juan Pagán Sancho

Coordinador del Club de Lectura de la AMUEZ

1 Comment

  1. Aurora Alamán Guallart el noviembre 9, 2018 a las 5:37 pm

    ¡GENIAL Juan! esta crónica y la anterior que no recuerdo si la mencioné.
    Por otra parte, veo que tu ya extenso y elogiable trabajo, se ha incrementado.
    Sé por mi propia experiencia que -aunque a la menor ocasión- se comenta lo “grande que se ha hecho la UEZ, ganas de trabajar las tienen muy pocos.

    En definitiva, ENHORABUENA por tus excelentes crónicas y por tu entrega sin límites.

    Un fuerte abrazo, de esta tu buena amiga.

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